
Te voy a contar una historia.
Pasó durante la primera semana de mi primer trabajo. Estaba muy emocionada. Era una empresa muy grande, una multinacional número uno en el sector de la cerámica.
El jefe de mi departamento era de mi misma edad pero bajito, grueso, de poble, que vestía como un cayetano, hacía ruiditos desagradables cuando estaba callado y siempre tenía algo en la boca: un palillo, una tapa de boli, una goma… En adelante, el ruiditos.
El primer día me dieron dos cosas.
La primera, una agenda-encuadernada-en-polipiel-verde-corporativo-y-logo-grabado-en-letras-doradas.
La segunda, un ordenador portátil windows de hace 20 años y con el teclado grasiento.
Un día después de comer el ruiditos me dijo que hiciera la medición de una fachada.
Inciso para aclararte, soy arquitecta.
Total que yo me apunté la tarea en mi agenda de polipiel verde.
¿Y por qué me lo apunté en la agenda-encuadernada-en-polipiel-verde-corporativo-y-logo-grabado-en-letras-doradas?
Pues para llevar un recuento de las tareas en mi día a día porque no había absolutamente ningún software de organización que pudiéramos usar (literalmente estaba prohibido, pero eso es otra historia).
La cosa es que la fachada en cuestión tenía más quiebros que una estrellita de mar.
Así que la medición con una versión de autocad 2010 y un portátil del 2000 era tremendamente tediosa. Y por si te lo preguntas (no sé, igual te lo preguntas) no era bim. Había que sumar a mano.
El ruiditos, riéndose con un palillo en la boca, me dijo: “Ay, pobrecita. No hacía falta hacer todo esto. Solo necesitaba saber el perímetro de los huecos.”
Lo terminé poco antes de la hora de irme y se lo pasé a mi jefe.
Yo no me reí. No me hizo ni puta gracia.
En general, no me hace gracia que me hagan perder el tiempo, ni aunque me lo paguen.
Le dije: “Vale, no hay problema, mañana a primera hora me pongo con ello”. Y me puse a recoger.
Él siguió con su sonrisa de hijo de la gran perra con el palillo: “¿Que te vas? No no, lo necesito para ahora. Tú tranquila que seguro que después del trabajazo que has hecho esto lo haces en nada.”
A mí no se me ocurrió quejarme. Era mi primera semana en un trabajo que necesitaba desesperadamente para poder independizarme.
Y aún no había firmado el contrato.”
Al terminar me dijo: “No te olvides de fichar.”
Me sacó una fotocopia en blanco y negro con casillas en las que escribir:
Yo fui a poner la hora de salida real.
Por supuesto no iba a funcionar así.
“No no. A ver, hay que poner el horario normal. Fíjate que todos salimos tarde muchos días y no pasa nada. Lo hacemos porque queremos. Solo faltaría. Que no nos obliga nadie ¿eh?”.
La frase de que nadie nos obliga a hacer horas de más y que todos lo hacemos porque queremos se repetía casi a diario.
Y me resultaban igual de vomitivas que el *si quieres, puedes*. Yo no quería trabajar para el ruiditos, qué narices. Pero de algo tenía que vivir.
Durante el tiempo que estuve trabajando allí me apuntaba las tareas que hacía cada día en la agenda de polipiel verde. Así, por lo menos, podía estimar lo productiva que estaba siendo con cada cliente y obra.
¿Y por qué te cuento esto?
Porque me encantaría que el ruiditos leyese esto y supiera el asco que me daba.
Que noooo.
Bueno, también.
Porque contabilizar las horas REALES que inviertes en un proyecto es fundamental para saber si el proyecto es rentable o no.
Ojo, no estoy hablando de control. Si en un entorno laboral hay control es falta de confianza y es asfixiante. Y eso no funciona en ningún tipo de relación. En ninguna.
Yo te hablo de otra cosa. Te hablo de ser realista para ser rentable y productivo.
Cuando me hice autónoma y trabajaba por horas vi la importancia de llevar ese recuento digitalmente.
Así que creé la plantilla que hoy te comparto.
Con esta plantilla puedes contabilizar tu tiempo en Notion, y además puedes hacerlo por tarea, por proyecto o por cliente, como mejor te venga.
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