
En 2017 estaba terminando el master de arquitectura.
Además trabajaba en Bimba y Lola como dependienta.
Quería independizarme.
Ah. Y follaba mucho.
Pero eso es otra historia.
La cuestión es que necesitaba un trabajo que me diera para pagarme un alquiler. Y Bimba no me daba.
Empecé a enviar CVs a empresas del sector de la construcción. Preferiblemente constructoras. Multinacionales. O sea, evitando estudios de arquitectura como tal.
Si conocéis el sector, sabréis lo mucho que se explota a los arquitectos pipiolos.
Y yo era una arquitecta pipiola.
La cosa es que conseguí una entrevista en una multinacional del sector cerámico en Castellón.
Una multinacional muy gorda.
De hecho, de las más gordas a nivel internacional en cerámica.
Te imaginas mi emoción ¿no?
En mi mundo inocente pensaba que me habían llamado porque a pesar de ser joven y mujer tenía un buen currículum: prácticas, Erasmus, idiomas, matrículas de honor…
Pues no. Ahora te explico.
La primera entrevista fue genial. El de rrhh era jovencito. El típico cayetano de pueblo (lo de pueblo no va a malas eh, es simplemente descriptivo).
La segunda entrevista fue también muy bien. Ahí estaba yo con el cayetano de rrhh, y el CEO de la empresa típico casposo de vox.
Por cierto, que si te sientes insultado al leer esto, lo mejor es que no continúes leyendo porque voy a soltar más y no quiero que lo pases mal.
Sigo.
Me llamaron a la semana.
Yo estaba trabajando en Bimba. Cogí el teléfono y dejé plantada a la clienta con la que estaba hablando (algo imperdonable, no debíamos ni tener los móviles en los bolsillos).
Me dijeron que empezase cuanto antes.
Al día siguiente dejé mi trabajo como dependienta.
A las dos semanas ya estaba independizada en Castellón, con un coche nuevo en leasing, y con un sueldo de 24000 brutos.
Disponible para aguantar marichulos y hacer horas extra a cascoporro.
O sea, mi primer trabajo serio, y en una multinacional gorda. Te haces una idea de mi emoción del momento.
La cosa es que semanas después pillé al cayetano de rrhh en la sala general, junto a la típica impresora blanca enorme. Estaba imprimiendo un montón de CVs en A4 y blanco y negro. Cuando digo un montón, me refiero a cientos.
Y me dijo, “Pfff tía es que el 99% son iguales… y feos. ¿Sabías que el tuyo me gustó?”
Y yo en mi mundo inocente pensé: “Normal, Cayetano, normal. Tengo un currículum estupendo para la edad que tengo.”
En lugar de eso le dije: “¿Por qué?”
Cayetano me respondió: “Porque el diseño de tu CV era horizontal. El 99% lo hacen en vertical, tía. Y eso me llamó la atención.”
Yo por dentro: “Cri, Cri”.
Yo por fuera: “Ja ja, pues menos mal tío”
Me fui a mi mesa de trabajo. Y me sentí infravalorada a más no poder.
Esto es lo que aprendí de esa conversación:
Cuando dejé de trabajar allí y volví necesitar un CV, me hice mi propia página web en wordpress. Fue un jaleo.
Cuando conocí Notion, me hice un CV en Notion. Que es lo mismo que crearte tu propia página web, pero más fácil vaya.
El CV en Notion lo hice en muchísimo menos tiempo, claro.
O sea, coges la info de tu CV, y vas haciendo copia-pega en Notion con el diseño que quieras.
Cuando ya la tienes, haces que esa página de currículum en Notion sea pública.
Y CV en Notion listo.
El CV en Notion lo hice en muchísimo menos tiempo, claro.
Y como encima el estilo de Notion es minimalista, tampoco es que puedas cagarla con el diseño, ¿sabes?
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